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¡Candidato! ¿Por qué no sólo dices que quieres aquel jugoso sueldo de 50, 000 o el de 100,000 pesos; además de otras prestaciones. ¿Por qué no sólo dices que el sueldo no te interesa, pero te interesan los contratos que vas a poder generar para tus allegados a tu favor?

Candidato a diputado, ¿Cómo vas a legislar por el trabajador promedio si nunca has trabajado en la iniciativa privada?¿Que más haz hecho si no es ver la política como modus viviendi?

Los políticos mienten. Imposible ganar una elección sin hacerlo. Tampoco es fácil gobernar con la verdad. En casi toda decisión hay perdedores. Lo más que puede hacer un político es evitar los temas en los que la verdad es demasiado incómoda.

Los políticos conocen lo complicado de su tarea. Pocos se atreven a decir que no mienten.

De acuerdo a la Real Academia Española, significa decir conscientemente lo contrario de lo que se piensa. El historiador español Carlos Bermejo, escribe en su libro “La consagración de la mentira” que mentir es también ocultar con una intención perversa hechos y datos, que solo se miente para lograr un beneficio a costa de los demás.

¿Qué motivaciones puede tener una persona para mentir? Seguramente muchas. Generalmente la gente miente cuando cree que le beneficia, que obtiene algo haciéndolo, pero también cuando estima que de esa forma evita un reproche, una llamada de atención o una sanción. El electorado mexicano se ha distinguido a lo largo de su historia y generación tras generación en hacer de la mentira un estilo de vida.

El gobierno históricamente ha convertido la mentira en una forma de gobernar. Los tres niveles de gobierno, sin excepción alguna y sin distinción de partidos políticos, todos absolutamente todos, han mentido y siguen mintiendo. Pero también los tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial, nadie está exento de mentir al pueblo, a sus representados. Y ese ejemplo del poder político ha permeado en los ciudadanos al grado que en el seno familiar proliferan las mentiras como una forma pedagógica de educar.

Parecería que uno de los grandes consejos de Nicolás Maquiavelo, en su célebre obra “El príncipe” la aplica con todo rigor a los candidatos cada que hay elecciones: “Nunca intentes ganar por la fuerza, lo que puede ser ganado por la mentira”. La mentira compulsiva de los políticos y sus propuestas contagia a sus colaboradores, al grado del cinismo más cruel, fincada en la renovación de la esperanza y cambio que venden mediante sus agencias de publicidad. Todos prometen empleos, seguridad, servicios públicos de calidad y por supuesto, combate a la corrupción.

Exigir con fuerza es una necesidad para México, echar al político cruel, incompetente y mentiroso, que en lugar de velar por los intereses del pueblo ante la ley, se pone él por encima de la misma, violando jurídica y éticamente nuestra endeble democracia y sus instituciones.

¡Señor candidato! ¿Por que no sólo nos dice que quiere en realidad?

Por Juan Fonseca

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